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Juguemos: ¡San Valentín!

lunes, 14 de febrero de 2011
Ya lo sé, llevo un mes sin escribir, no me regañen estuve en crisis por culpa de mi cumpleaños, pero ya estoy de vuelta. 

Existen varias posibilidades, tal vez estoy inhabilitado para escribir una pieza decente y llegadora para esta fecha. Definitivamente no quiero ser uno más que se queja de lo comercial del día. En realidad, decidí no repetirme y dejar de escribir cuanto quiero a mis amigos.

Yo sé que un blog no debe ser tan personal pero, ¿What the Hell? ¡Es mi blog!

El punto es que se me ocurrió un juego. Escribí varias frases para todos aquellos amigos, amantes, fans, seguidores, cibernautas; que sospecho leen mi blog, todas pueden ser consideradas chistes locales o anécdotas que únicamente he vivido con mis amigos, las instrucciones son las siguientes:

Primero: Lee todas las frases. Nota: Están enumeradas al azar, no por importancia.
Segundo: Encuentra la frase que creas va dirigida a ti y anota el número
Tercero: Escribe el número como comentario ya sea en el blog o FB.
Cuarto: Si crees que no existe una frase para ti, házmelo saber por FB y yo te diré si estás en lo correcto o no.
Quinto: En caso de no saber o querer escribir el número públicamente, puedes mandarlo como inbox o mensaje al celular (esto para mis amigos marcianos que no tienen cuenta en FB)

1º Palanqueta azucarada
2º A long long time ago, I can still remember
3º Te quiero tanto tanto tanto que ya no puedo más
4º ¡Perversos!
5º Al menos hablamos en plural
6º Siempre discutiendo, nuestra amistad está unida por la contradicción.
7º Me subo en un plato y doy vueltas
8º La dicha de una amistad que rompe generaciones ¡Viva la miel de Maple!
¡Cuñado! ¿y los popotes?
10º Azul con azul y más azul
11º Comadre, ¿cómo está mi ahijada?
12º Desde que no estás ya nadie se come los chocolates de mi coche
13º You´re so green that makes me think you are Wicked
14º Chilango vs Huichól
15º Kisko, Servin y ellos son así
16º Contra un extintor… ¡Doctora!
17º Las fresas con azúcar saben más dulces
18º “Harry Potter” es mejor que “El señor de los anillos”
19º Tú no eres mi primo
20º Tan diferentes y al final llegamos al mismo punto
21º Triciclo vs espada de He-Man
22º Hago mis videos en Photoshop
23º Niña rara
24º ¡Jilipollas que tu acento ha cambiado!
25º ¿Kosher o no Kosher?
26º Eres callejera, street fighter
27º MIEL y mi constante X
28º ¡Arriba las latinas! 
29º ¿Por qué te crees el padre de tus amigas?
30º Eo, Eo, Eo… sounds like a musical
31º Dicen que todo empezó con una gran explosión…
32º Quiero una caja de galletas… ¡Ya!
33º Vivir para contarla… para eso están las fotos
34º Encuestas on-line de temas MUY desagradables
35º Cuñada, me caes mejor que mi amigo jeje
36º Te debo un tributo
37º Todos somos muppets y tú, eres el más malhumorado
38º Mi lector más fiel por mis buenos aportes
39º Efectos secundarios
40º Don't go. I'll eat you up; I love you so
41º ¡Tío, the fabulous!
42º Astrología espacial aplicada
43º ¡Pokón!
44º Y para ti, ¿qué es una quesadilla?
45º El guapo Ben vive en la eterna primavera
46º ¡Este año sí me viste cumplir años!
47º ¡De aquí a Guatemala!
48º Bienvenidos al DF, mi nombre es Champy y seré su guía
49º  “Yo juego, yo juego” … “Huy Alan, ¿qué nos vas a invitar?
50º Sweet dreams are made of this...
51º BearManiac
52º Tech de Corazón
53º Onda Amelie pero con más caché
54º Compaye, salte de la alberca que la está ensuciando toda
55º The Final Cut-down
56º ¡Quiero ver "A chorus line"!
57º Yo creo que estás comiendo por dos…
58º Volando en una pelusa rosa





¡Feliz San Valentín!

Las cosas que defenderé

viernes, 31 de diciembre de 2010
Dicen que es malo etiquetar a las personas, las situaciones o incluso, las cosas. Al etiquetar damos una opinión contundente, sin derecho al cambio o beneficio de la duda. Así que, por muchas etiquetas que se me ocurran para este año, no lo haré; porque así como sucedieron cosas malas, también me trajo varias alegrías.

Según mi carrera, cualquier deficiencia en el producto o en el servicio, evento desastroso o publicidad negativa; debe contrarrestarse con acciones de contingencia. En pocas palabras, las debilidades deben verse como oportunidades y las amenazas deben convertirse (con estrategias adecuadas) en fortalezas.

En un principio, cuando recapitulé sobre lo vivido en el 2010, no podía dejar de sentirme enojado. Después me di cuenta que este año no fue malo, sólo estuvo lleno de aprendizajes empíricos, de esos que tienes que vivir para aprender la lección. Nadie te puede contar cómo es el circo hasta que pagas la entrada y volteas a ver al león.

A lo largo del año sufrí diversas perdidas, tanto personales, profesionales, familiares y amorosas. Algunas inevitables como la muerte, otras no fueron perdidas sino apuestas que me jugué por un mejor futuro; y finalmente las sentimentales, mismas que le dan título a esta entrada.

Cuando era pequeño, un profesor de la primaria me nombró “El niño de la eterna sonrisa” y cada vez que me veía me llamaba con ese (enorme) apodo. En esa época, para mí fue como si me hubiera puesto un letrero invisible en la cara que decía: “pégame”. Por mucho tiempo me pregunté por qué a pesar de estar triste, enojado, asustado o melancólico, mi sonrisa nunca desaparecía. Ahora, tras una serie de eventos desafortunados que yo mismo declaro, terminan hoy; dejo de hacerme esa pregunta y tan sólo agradezco que esté ahí, inmutable y recordándome que nada es tan malo como para dejar de sonreír.

Las cosas que defenderé son todas aquellas que este año no me pudo quitar; aún después de intentar desfalcarme como a un niño con una paleta enorme. Estas cosas son mi familia, mis amigos, mi talento y ganas de crecer; todos aquellos valores que me han inculcado y la naturaleza que tengo de ser una buena persona; de hablar con extraños y ofrecerles ayuda si es necesario. Mis ganas de aprender día con día y la humildad de saber que cualquiera puede otorgarme un pedacito de sabiduría. También defenderé mis ganas por escribir de cualquier tontería que se me ocurra y de contar los peores chistes del mundo. Seguiré siendo el amigo del cual tal vez no consigas un consejo o una palabra que cambie tu vida, pero sí una risa que te haga más soportable la vida en momentos difíciles. En pocas palabras, mi esencia.

Sí, soy un hombre con muchos defectos, muchas carencias que debo ir mitigando, pero hoy estoy seguro de la riqueza que Dios y la vida me han brindado en estos años de existencia. Sé de qué estoy hecho y hasta donde puedo llegar; sin importar los obstáculos que la vida y los años me pongan.

Bienvenido 2011, te estaba esperando.

El gran hermano

miércoles, 22 de diciembre de 2010
No soy una persona a la que le guste mucho la política, en realidad entre menos me entere de ello, soy más feliz. Cada vez que escucho algo acerca de mordidas, corrupción o abuso de poder; mi ánimo se ve afectado. Sé que no es algo de lo que me deba sentir orgulloso.

De un tiempo para acá (exactamente desde que compré mi coche), he escuchado un programa en la radio llamado “El weso”.  En primera porque estoy harto de escuchar en todas las estaciones de radio a Camila, el grupo más detestable de México, lo juro, en mi opinión ese trío se formó para superar la depresión de no haber sido aceptados en Jeans.

En segunda, porque me lo habían recomendado mucho; varios amigos y familiares me decían: “lo escuché en el weso”, “te mando un titieto”, “amo los poemas de Anahís”; este último me desconcertó muchísimo, ya que no me lo dijo exactamente un fan de RBD.

Así que un buen día sintonicé la radio y escuché el mentado programa, que debo admitir es bastante bueno. El estilo que manejan es bastante light y ameno para las horas de tráfico, en las cuales siempre me veo sumergido. Los locutores son muy creativos, en especial Marisol, a la cual tuve oportunidad de ver en una obra de teatro llamada “Todos semos emos”, varios años atrás.

Sólo que hay un problema, como bien me lo dijeron, después de escucharlo por mucho tiempo te termina cansando, hastiando , fastidiando; en pocas palabras, te dan ganas de estrellar el coche o comprarle a los vendedores ambulantes algún souvenir folclórico y metértelo por los oídos. Así que decidí dejar de escucharlo por un buen rato y regresar a mi confiable caja de discos.

Ese ha sido mi acercamiento a la política más reciente, de ahí jamás pensé que algo me sorprendiera; y mucho menos algo positivo. La construcción de nuevas líneas del metrobús me vienen valiendo un reverendo pepinillo (así es, un pepinillo que oficia bodas), las nuevas leyes contra fumadores me hacen sentir rechazado y los errores del presidente o algún diputado al momento de twitear algo, me dan pena ajena; en conclusión, soy alérgico a las noticias.

Nada me sorprendía hasta hace pocas semanas, justo en mi trayecto a la oficina después de estacionar el coche. A unos cuantos metros de una iglesia ví un letrero que llamó mi atención, no por su belleza o composición perfecta, no, sino por el mensaje que transmitía: ¿Quieres saber qué pasó aquí?

¿Mis ojos me engañaban? ¿Es cierto lo que, gracias a Miss Paty, estoy leyendo? Sí, a continuación, el letrero presume los números telefónicos a los que cualquier transeúnte puede marcar y preguntar: ¿Qué ch·$·”%”os pasó ahí?

¡Wow! Pero que gran iniciativa del GDF, por primera vez veo que mis impuestos sirven de algo además de comprar Hummers a los diputados.

Señores, señoras, señoritos y señoritas; la ciudad nos está vigilando, el gran hermano ha llegado a chilangolandía y todos debemos sentirnos afortunados. ¿Por qué?

¿Eres de los que:

  • olvidan dónde estacionó el coche?
  • se emborrachan hasta perder la conciencia?
  • tienden a estacionar el coche en lugares prohibidos?
  • son clientes frecuentes de las ratas de dos patas?
  • son de cascos ligeros y pudor espantadizo?
  • después de dos cervezas se meten hasta con el viene-viene de la esquina?
  • la adrenalina del momento los hace cometer locuras?
  • no recuerdan lo que hicieron el verano pasado?


Pues ya no hay de que preocuparse. Adiós a la cruda moral, al qué paso ayer; de ahora en adelante sabremos qué fregados hicimos la noche pasada. Y no, ya verifiqué y el servicio no tiene cuenta en Facebook, así que nadie de tus amigos se enterará y no tendrás que esperar a que te etiqueten en las fotos para saber qué hiciste de ti, tu cuerpecito, tu coche, tu date, tu amigo, tu novia, tu perro, tu perico y tu abuelito al que llevabas al aeropuerto antes de que se te cruzaran unos drinks en el camino.
Así que ya sabes, si ves alguno de estos letreros:
















                                                                                       (y que me compra el Sanborns de los azulejos)

Y te das cuenta que estas desnudo de la cintura para abajo (neta ¿qué pasó?), es momento de marcar o textiar.

Nota: Neta, deberían aclarar los servicios que ofrece cualquier dependencia del Gobierno; se puede prestar a malos entendidos y a ridículas entradas de blog.

Lo que ellos piensan de:

martes, 30 de noviembre de 2010
El siguiente texto fue escrito para la sección “Lo que ellos piensan de…” en la que diversos hombres opinaban acerca del comportamiento de las mujeres en diferentes temas como: “su obsesión por los zapatos”, “las odiosas dietas” o “su preferencia por las películas romanticas” de la revista Eve. 

Lo que ellos piensan de: Su obsesión por los chicos malos

Por: Alan Champy M. Núñez

Hace varios años, mi mejor amigo y yo creamos “The good guys lonely hearts club”, y no porque fuéramos grandes seguidores de los Beatles –al menos no en ese momento–, sino porque como chicos buenos de excelente educación, nadie nos pelaba. Con tan solo 15 años, nos preguntábamos ¿Cuál es la motivación de las mujeres por perseguir a los “chicos malos” de la escuela? Sí: esos clásicos orangutanes que se la pasan escupiendo, maldiciendo y reprobando constantemente en clases.

Desde nuestra perspectiva, el ser un chavo que respetaba a su “amiga”, sin presionarla con la (tan deseada) “prueba de amor” y siempre aceptando un segundo plato del insípido guisado preparado por su madre, nos redituaba los mismos resultados: “Sólo amigos”; “te quiero como un hermano” o “¿Me acompañas a comprar el vestido de graduación?”

“La culpa la tiene la televisión”, me decía mi amigo. “Les llenan la cabeza con la ilusión de que un tipo con facha de James Dean las raptará en su Harley y vivirán una aventura por Nueva York”. Tenía razón… en cierta parte. Por lo que siempre le respondía: “Sí, y mientras nosotros nos quedamos a cambiar los focos del árbol de Navidad de su abuelita”.

Pasamos años estudiando el misterioso proceso de selección de las mujeres. De paso, fuimos de todo: el chico comprensivo que la consolaba cuando el villano de la película la lastimaba; el chico indiferente que no la pelaba –cuando en realidad nos derretíamos cual helado bajo el sol de Coahuila–. Incluso intentamos ser los chicos malos: “No te contesto los mensajes que mandas”; “quedo en hablarte llegando a mi casa y prefiero dormir”; “ me ligo a tu mejor amiga y le digo que es tan bonita como el invierno en Aspen”. Obviamente los resultados fueron desastrosos: a mi amigo lo botaron por ser una criatura insensible, con escasa o nula comprensión ante los sentimientos de la mujer y –por si fuera poco- acusaciones de infidelidad en tercer grado (o sea, con más de tres chicas).

Yo simplemente no pude hacerlo. En cuanto hacían ojitos de Remi, terminaba por ceder. No aguanté ese acto de crueldad y llegué a la conclusión de que si me iban a querer era con todo y mi cara de niño bueno, ese que no rompe un plato, al contrario, los recoge y se ofrece a lavarlos (¡enseñanza de mi abuela!).

Hace varios meses en una fiesta, una amiga se quejaba amargamente de cómo un “tipo malo” la había abandonado; dejando sus sueños de rebeldía y locura desenfrenada en la cajuela de su coche (¿o era moto?). De inmediato, todas las mujeres de la reunion empezaron a exponer sus puntos de vista del porqué su atracción hacia esos seres despiadados. La mayoría coincidieron en que sentian un deseo profundo de encontrar al príncipe azul detrás del sapo. Otras se fueron por el lado aventurero; deseaban sentir la adrenalina y la emoción de hacer cosas que, por iniciativa propia nunca hubieran hecho. Otras aceptaban que creían que “ el amor cambiaría su actitud”. Lo que me tranquilizó, fue que todas concluyeron exactamente lo mismo: en esta etapa de su vida, el chico malo les da flojera. Ya no desean cambiar pañales; quieren sentirse protegidas.

El sueño del tipo con chamarra de cuero les iba muy bien a los 15, pero hoy prefieren un hombre real con quien verse a futuro; hoy prefieren una copa de vino que un six de chelas; hoy prefieren cambiar la Harley y Nueva York por un crucero al Medio Oriente.

Por eso prefiero seguir siendo el chico bueno, los que saben opinan que al final del día todo se regresa. Ahora, el único momento en que debo ser un chico malo es cuando desean adueñarse del control remoto. Fuera de eso, sigo siendo el que acepta doble ración de guisado con la suegra y el que va al súper (o a la comer) a comprar más foquitos para la abuelita.

Drama-Mex

martes, 9 de noviembre de 2010
Recientemente se ha popularizado la frase “Culpo a Disney”. Según varias personas, tanto amigas, contactos del Facebook y jóvenes en general; las películas de Disney les crearon expectativas irreales en torno a su vida amorosa.

El príncipe azul, la zapatilla de cristal, las hadas madrinas, el caballo alado y la damisela en peligro (porque claro, los hombres también se quejan), son elementos que al parecer, todos buscan en su día a día; seguros de que la cotidianidad se romperá y los llevará directamente a un cuento de hadas propio.

Pero algo es cierto, no existe el “feliz para siempre” sin un “sufrimiento por un rato”. Desde Romeo y Julieta, hasta Scott Pilgrim vs los exes de la chica de sus sueños (traducción vomitiva); el hombre y la mujer deben superar diversos obstáculos para estar, ya sea en vida o muerte, con su media naranja.

Todo está muy bien, excepto por un detalle.

¿Por qué darle todo el crédito a Disney?

Tal vez ellos fueron los primeros en proyectar los principales cuentos de hadas, pero los mexicanos y sudamericanos, como bien dice la frase “le echamos mucha crema a los tacos”; los mejoramos, les aumentamos cantidades industriales de drama y los hicimos extra- kitsch.

(Todo sin la ayuda de un hada madrina… bueno, la ocasional aparición de la virgencita, pero nada más)

Por dicha razón he generado una competencia para ver quién es quién al momento del drama.


La cenicienta vs María Mercedes











Las dos son mujeres pobres, responsables de la limpieza del hogar, viven bajo el yugo de autoridades dictatoriales. Una, huérfana de padre, la otra, huérfana de madre. La cenicienta debía limpiar la casa, tener listo el desayuno de su madrastra y hermanastras. María Mercedes debía hacer todo eso y además, vender boletitos de lotería en las calles; soportar a un padre borracho y si no fuera suficiente, “entretener” a un viejito con ganas de recuperar la virilidad perdida (antes del viagra).

Las dos encuentran al príncipe azul. La cenicienta olvida sus problemas tras derrotar a su madrastra malvada. En cambio, María Mercedes después de vencer a una bruja (una que siempre usaba un vestido de lentejuelas y horrorosos guantes rosas), tuvo que aguantar aparecer en otras 2 novelas con, sino la misma, muy parecida temática.

Disney: 0                                                                                                            Telenovelas: 1

La sirenita vs Milagros












Muchos probablemente no ubiquen esta novela. Rápidamente, Milagros es una huérfana adoptada a la edad de 18 años por un viejo rico (no le pierde), con el pretexto de que antes de morir, deseaba ayudar a alguien. El problema: Milagros es coja, sí, camina chuequito, por ende, es víctima de constantes burlas.

La sirenita es rica de nacimiento, vende su voz y obtiene piernas a cambio; sin hablar conquista a su príncipe azul (algo misógino, ¿no?). Además cuenta con la ayuda de un cangrejo mágicomísticomusical.

Milagros se va a vivir a un lugar donde nadie la escucha por ser pobre, así que ¿para qué quiere su voz?, además debe soportar a la sobrina del viejo rico que, cada vez que la ve entrar o salir de una habitación, tararea la melodía de la cucaracha  (Sí, moría de risa cada vez que veía eso).

Al final las dos consiguen el amor del príncipe, pero Milagros sigue coja.


Disney: 0                                                                                                            Telenovelas: 2

La Bella Durmiente vs Mirada de Mujer











Aurora es una joven de 16 años que debido a una maldición cae en un profundo sueño por 100 años.
María Inés es una mujer de 100 años que debido a una mujer más joven, después de un largo matrimonio es abandonada por su esposo.

Las dos mujeres de la tercera edad (recordemos que Aurora tiene 116 años), encuentran el amor en los brazos de un joven príncipe que, a pesar de su edad, las ama sobre todas las cosas.

Hasta ahora todo normal, pero veámoslo así: Aurora después de flojearle por bastante años, un día despierta con su belleza intacta y ¡Bam! el hombre de sus sueños la anda manoseando y besando.
En cambio María Inés, un día despierta y ¡Bam! se ve cubierta de patas de gallo, el vientre de una mujer que tuvo 3 hijos y una cama vacía porque el que pensaba era su príncipe azul se anda revolcando con un modelo más joven.

Disney: 0                                                                                                           Telenovelas: 3

La bella y la bestia vs Yo soy Betty, la fea











Creo que no tengo mucho que explicar. Encontrar la belleza interna es tan difícil que al parecer necesitas 338 capítulos para hacerlo, o de plano, que un reloj, un candelabro y varios muebles cobren vida y te impidan salir corriendo.

Podríamos decir que es un empate pero:

Yo soy Betty, la fea; gana, en especial la versión mexicana, porque en realidad, a pesar del “cambio de imagen”, nunca dejo de ser fea ¿o sí?

Disney: 0                                                                                                          Telenovelas: 4

Hércules vs Rubí

Para que no digan, utilizaré mi película favorita de Disney.



Hércules y Rubí tienen mucho en común. Hércules es hijo de dioses y puede vencer cualquier obstaculo gracias a su desproporcionada fuerza. Rubí parece una diosa y puede vencer cualquier obstaculo gracias a su desproporcionada belleza.

Hércules desea convertirse en héroe y regresar al punto más alto del olimpo para estar con su familia. Rubí desea convertirse en millonaria y subir al punto más alto de la sociedad mexicana para... pues para... obvio, ser una diosa mexiquense.

Hércules logra convertirse en Dios, pero decide rechazar ese privilegio para estar a lado de su amada Megara, lo cual provoca que pierda sus poderes.
Rubí logra ser millonaria, pero decide ignorar la señal "Cuidado: piso mojado" y se cae de un sexto piso, lo cual provoca la perdidad de sus poder: la chenchualidad.

Al final, Hércules se queda con Megara, es amado por todo el mundo y los niños quieren ser como él de grandes,
Al final, Rubí se queda sola, es odiada por todo el mundo y los niños lloran cada vez que ven su cara.

Disney: 0                                                                                                    Telenovelas: 5


SCORE:

Disney 0                                 Telenovelas: 5

Ahora ya sabes, la próxima vez que escuches la frase: "Culpo a Disney"; voltea a ver al sujeto o "sujeta" en cuestión; aviéntale el líquido más cercano a la cara (agua, café, chaparrita en bolsita), grítale que es adoptado, que tú eres su verdadero padre o madre; empieza a llorar y después dile que tienes problemas con el alcohol desde que encontraste a tu ex-novia/o en la cama con el mayordomo y la chica que vende cachitos de lotería en la esquina (para efectos dramáticos, pídele a uno de tus acompañantes adopte la posición de un santo que afirme todo lo que dices; y a otro que ilumine a tu amigo con una lampara o el flash del celular). Así dejarás en claro que nosotros somos mejores al momento del drama.


Mi reino por cinco reinas

martes, 2 de noviembre de 2010
Hace poco más de un mes un aniversario pasó desapercibido en este blog. Obviamente pensé en escribir una entrada acerca de ese importante evento. Mi consciente me hizo creer que sería increíblemente fácil redactar esta entrada, pero mi subconsciente dijo: iluso.

Por alguna razón, no decidía qué escribir. Realicé una crónica del evento sucedido hace 12 años; cuando hasta ese momento yo estaba seguro que no había nacido para tener amigos.

Detallé el día en que vi a la niña más perfecta del mundo; de cómo me frustré cuando dos niñas más se sentaron detrás de ella obstaculizando mi objetivo de hablarle. Del momento en que pedí prestada una pluma a la que sería mi cómplice de por vida; y de cómo se sentía la textura del suéter que usaba una de las personas más inteligentes y tiernas que he conocido. Incluso, describí de mil formas la primera vez que oí la risa más escandalosa pero encantadora que he escuchado en mi vida y de aquella mirada profunda escondida detrás de un par de lentes, que sin decir nada, emitía a varios kilómetros de distancia su inconformidad por estar presente en aquel salón de clases.

Pero a la mitad del camino, descubrí que estaba escribiendo un libro, no una entrada de blog.

Después, empecé a enlistar 100 razones, momentos, detalles, anécdotas y chistes que hemos vivido al pasar de los años. Mi objetivo era impregnar todo el cariño, respeto y lealtad que han generado en mí.

Pero en el número 58 descubrí que era demasiado local para que todo mundo entendiera lo que quería expresar.

Escribí un cuento acerca de un kiwi buscando su lugar en la vida y después de cambiar dos veces de hogar por falta de empatía con sus vecinos; encuentra dentro de una cueva, cinco abejas reinas que le tienden la mano (bueno ala) y por primera vez en su vida se siente en casa.

Lamentablemente aún no me siento listo para publicar mis cuentos, es muy personal por el momento.

Y heme aquí, escribiendo esta pseudo-entrada/carta/lista de proyectos. Al parecer tengo miles de palabras para expresar cuanto agradezco que sean parte de mi vida; pero me falta la capacidad de órden, de saber cómo usarlas para que sea un texto medianamente bueno si se compara con mi vida a lado de ustedes.

Al final del día, sólo se me ocurre una palabra. La más cotidiana de todas; aquella que utilizamos a diario y que a veces por el uso pierde su verdadero significado. Ojalá pudiera pensar en alguna mucho más sofisticada, profunda o interesante; pero el corazón tiene razones que la razón no entiende, así que ahí va:

Gracias

Gracias por ser mis compañeras, maestras y estudiantes; cómplices, confesores y jueces.
Gracias por mantenerse a mi lado todos estos años, a pie de cañón; como buenas combatientes en zona de guerra.
Gracias por enseñarme el verdadero significado de la palabra amistad; demostrarme que no soy tan raro como pensaba; que es mejor ser diferente a formar parte del resto.
Gracias por los miles de momentos que hemos capturado en nuestra memoria y cámaras fotografícas; y que al recordar, en nuestra cara se dibuja una sonrisa de oreja a oreja.
Gracias por su amor incondicional.
Gracias por esta grandiosa mitad de vida que hemos construido juntos.

1.- Gracias por ser mi alma gemela y polo opuesto, mi constante X.
2.- Gracias por ser mi hermana gemela, la obsesiva compulsiva para este desordenado compulsivo.
3.- Gracias por ser mi abrigo en noches sin techo y mi doctora en días enfermos.
4.- Gracias por ser mi fan número uno, la risa que inunda mis oidos y mi maestra de español e inglés.
5.- Gracias por ser mi ejemplo de ternura, nobleza y tenacidad.

Gracias a mis cinco continentes, mis cinco sentidos, mis cinco maravillas: mis cinco reinas.

Esta entrada va para ustedes y por ustedes.

Crème Bruleè

viernes, 15 de octubre de 2010
Buenas noticias: ¡Ya no como solo! Así es, recientemente he disfrutado de la compañía de un cuate que fue contratado en una empresa muy cercana a la mía, y al igual que yo, también necesitaba de un compañero de fondita.
Además de que la gente ya no me ve con cara de “Pobrecito, ese muchacho que se ven tan agradable no tiene con quién comer”,  también disfruto de una platica amena mientras me deleito con los guisos de “Las cazuelas”.

En una de esas platicas salió el tema de las relaciones. Durante el consomé hablamos de posibles prospectos (bien casanovas los dos). Que si salgo con alguien, que si él sale con alguien; que si la chica del departamento legal le hizo ojitos o que si sería buena idea salir con la señora de intendencia. Él se siente como niño en juguetería; una empresa nueva, personas nuevas y lo mejor: antes sus oportunidades se limitaban porque su antiguo trabajo se encontraba en Snob-Fe, ahora un mundo lleno de posibilidades se abre en Todoesposible-Reforma.

Mientras lidiábamos con la clásica decisión arroz/spaghetti, el tema continuó con nuestra soltería. Al igual de rápido que nos acabamos la ración de arroz, el tema terminó. Los dos concluimos rápidamente las causas del porqué seguiremos siendo solteros cotizados (ándale pues). Él no está preparado para formalizar; su carrera se está proyectando, tiene una nueva chamba y con ello nuevas responsabilidades. No desea involucrarse con alguien si no puede ofrecerle el tiempo que merece.

Yo, pues estoy bien, saturado de chamba, entre las revistas, la agencia y las clases; a duras penas tengo tiempo para mí mismo, y créanme, mí mismo es muy demandante.

Con el tanque a la mitad, yo elegí de plato fuerte una pechuga de pollo rellena de champiñones (¡caníbal!) sobre salsa de queso; mi amigo escogió una clásica pero bien sazonada milanesa con ajonjolí y ensalada. Después de pasarle mi jitomate (m·$”da roja) a su plato, continuamos con la platica. El tema: relaciones pasadas.

Me contó acerca de la relación tormentosa que vivió en el pasado. El drama que fue y bueno, no pudo dejar más claro el tema con la frase: “La chancla que tiro no me la vuelvo a poner”.

En cuanto a mí, en lugar de explayarme del por qué no quiero tener a nadie por el momento y de la promesa que había hecho (bien novelesco), desvié el tema y le platiqué la situación amorosa de dos amigos:

Caso 1: Mi mejor amigo de la universidad se comprometió con su chica a finales del año pasado. A inicios de este año los arreglos estaban en proceso; el salón apartado, el padrino emocionado (ósea yo), el novio trabajando para pagar las cuentas y la novia con dudas. Mismas que la llevaron a terminar la relación.

Mi amigo con el corazón en la mano no tuvo más remedio que adherirlo con un post-it de vuelta a su pecho. Yo como buen casi-padrino, traté de ayudar, pero no había mucho que hacer, sólo dejar que el tiempo pasara (y claro, organizar una fiesta, eso en mi siguiente post).

Caso 2: Una de mis mejores amigas de la secundaria, tras 1 año de relación se entera que su novio le pone el cuerno. No contaré los detalles, sólo que fue bastante desagradable.

Era la clásica pareja que todos hemos visto en la calle y nos preguntamos: ¿Qué fregados hace ELLA con… eso? Fui testigo de cómo la autoestima de una hermosa mujer cayó en el basurero. Con la ayuda de Ximena, poco a poco trabajamos en reconstruir a la mujer que hemos visto crecer por 12 años; segura, hermosa e inteligente, aún estamos trabajando.

Al escuchar estas historias, mi amigo preguntó: ¿Qué harías si te enteras que alguno de ellos regresó con su ex?

Yo contesté:

Yo creo que no es malo regresar con tu ex, siempre y cuando te asegures que regresas por crème bruleè y no por simple gelatina. Por ejemplo:

Los exes de mis amigos tuvieron en sus manos una copa llena de Crème bruleè; saborearon el caramelo, comprobaron su exquisita textura y disfrutaron el inigualable sabor de la crema, pero, aún así no fueron capaces de valorarlo y lo perdieron. De ahora en adelante tendrán que conformarse con gelatina; simple gelatina de bolsita, de esas que cuestan $5 pesos en una tienda de abarrotes y se hacen de un día para otro.

En cambio, mis amigos probaron el sabor de la gelatina y saben que para ellos hay algo mejor más adelante. Jamás regresarán a comer gelatina y mucho menos una que ya probaron con anterioridad. Tanto ellos como yo sabemos que no hay nada peor que ser un saltapatrás.

- ¿Ósea que tu ya has probado la gelatina? – me preguntó mi amigo.

Supongo, pero jamás me he quedado demasiado tiempo para confirmarlo. No he tenido muchas relaciones pero de las pocas, estoy seguro que han sido con crème brulèe, y por respeto a mí y mi pasado, jamás andaría con una gelatina.

Después de mi breve discurso, el mesero (y la coincidencia) se acercó para ofrecernos el postre: gelatina de fresa. Al unísono contestamos que no. Preferimos terminar esa buena comida y platica con un cigarro.

Conclusión: si alguna vez han tenido la suerte de probar el crème bruleè y por cualquier razón se les fue de las manos; no se conformen con gelatina de bolsita, esa es instantánea, barata y en cualquier pueblo la encuentras. Estoy seguro que todos mis lectores al igual que yo y mis amigos, son copas de delicioso crème bruleè.

¡Bon Appetit!